Differences and tactical unity / Diferencias y unidad táctica

Differences and tactical unity

Within days — if not hours — Mexico’s Federal Electoral Tribunal, the TRIFE, will rule to sustain or reject the demand submitted by the Coalición por el Bien de Todos led by Andrés Manuel López Obrador to recount all the votes, polling place by polling place. At no other juncture has the need for the movement to widen its public appeal and to tigthen its unity been higher.

This movement involves a very broad spectrum of social and political forces. Each force, each group, and even each particular individual advancing a particular interest and looking at things from a particular perspective, each emphasizing a particular tactical approach or method of struggle. There are many people taking part in the movement, for different reasons, most of them legitimate. I believe that the majority of this crowd, the working poor, have a deep sense of alienation and suspicion towards Mexico’s traditional political institutions and de-facto powers (the elite business organizations, the media, the clergy, etc.).

In spite of this understandable distrust, justified by Mexico’s recent and past history, these people have accepted to advance their struggle within the parameters stipulated by Andrés Manuel López Obrador, namely (first) the ballot and (now) the defense of the ballot by means of peaceful, non-violent civil disobedience. However — to repeat myself — the democratic movement in 2006 includes many other forces with largely legitimate interests and perspectives. In this context of broad social and political heterogeneity, tactical differences are as necessary as they are absolutely unavoidable.

In the last few days, respectable people who support this struggle, like Carlos Monsiváis, Miguel Angel Granados Chapa, Rolando Cordera, and even Alejandro Encinas (interim mayor of Mexico City and one of the leaders of the PRD), have voiced objections to the decision of the Permanent Assembly — upon a proposal made by López Obrador — to block the traffic of vehicles along the avenue Paseo de la Reforma, a major transportation route in downtown Mexico City.

And, since urban transportation is interdependent, the closure of Reforma has an obvious large impact on the life of the city. This is a city where most voters supported López Obrador. As a result, a great deal of the negative effects of this measure is shouldered by the very people who support the movement. Naturally, some good-faith critics of this tactical choice are understandably concerned about alienating a large segment of the public in Mexico City, not only those who own cars, but those who depend on public transportation and — given the persistent criticism on the media — might grow impatient and withdraw their support or benevelont neutrality towards the movement.

Personally, I believe that it is impossible to exercise serious political protest without disrupting business as usual. Just like it is not possible for a group of Workers to effectively defend their interests in the workplace without threatening a disruption of the business operations of the employer (at a cost to the workers themselves and, perhaps, other people not directly involved in the dispute), a political movement like this must send a strong message to the establishment, that business as usual will not be permitted. Partially blocking traffic on Reforma (partially, because it is my understanding that the intersections are mostly open to vehicular traffic) doesn’t seem to me like a disproportionate measure, considering the enormity of an electoral fraud. It seems to me that most people taking part in the movement, particularly the working poor who believe have much to gain with the recount of the vote, are firmly behind these measures and I commend López Obrador for being sensitive to their plight and inclinations.

The adversaries of the movement, those who are using their power and money to prevent a recount of the votes, would love it if the movement got split on the basis of these tactical differences. We should not allow it. We must respect the views of people like Cordera, Granados Chapa, and Monsiváis, even if we don’t share their tactical views. Their voicing their differences must be welcome and taken into consideration. They have a right to speak their mind and try to change ours. But, even if they don’t like the tactics chosen by the movement, they should stay with us. We need them with us.

Mexico City is not going to die as a result of blocking traffic in Reforma. On the contrary, the defense of democracy, the recount of all the votes will create the best conditions for the kind of vibrant and prosperous city we all want.

Diferencias y unidad táctica

En cosa de días — si no es que horas — el Tribunal Federal Electoral de México va a emitir sentencia para aceptar a rechazar la demanda presentada por la Coalición por el Bien de Todos que encabeza Andrés Manuel López Obrador de recontar todos los votos, uno por uno, casilla por casilla. En ningun otro momento ha sido mayor la necesidad que tiene el movimiento de ampliar su base y fortalecer su unidad.

El movimiento involucra a un espectro muy amplio de fuerzas sociales y políticas. Cada fuerza, cada grupo e incluso cada individuo promueve su propio interés y mira las cosas desde una perspectiva particular. Hay mucha gente en el movimiento — por razones diversas, siendo la mayoría de esas razones muy legítimas. Creo que la mayoría de los participantes siente una alienación y desconfianza profunda — y enteramente justificada por la historia reciente y remota de nuestro país — hacia las instituciones políticas tradicionales y los poderes fácticos de México: las cúpulas empresariales, los medios, el clero, etc.

Con todo y esa bien fundada desconfianza, este amplio sector del movimiento ha aceptado encauzar la lucha dentro de los parámetros estipulados por Andrés Manuel López Obrador, es decir, primero la vía del voto y ahora la defensa del voto mediante la desobediencia civil pacífica, no violenta. Pero, repito, el movimiento por la democracia en el 2006 incluye además a muchas otras fuerzas con intereses y puntos de vista, en la mayoría de los casos perfectamente legítimos. Y en este contexto de heterogeneidad social y política, las diferencias tácticas son tan necesarias como absolutamente inevitables.

En los últimos días, personas respetables que apoyan esta lucha, como Carlos Monsiváis, Miguel Angel Granados Chapa, Rolando Cordera e incluso Alejandro Encinas (alcalde interino de la Ciudad de México y uno de los líderes del PRD) han hecho públicas sus objeciones a la decisión tomada por la Asamblea Permanente — a propuesta de López Obrador — de acamparse en la avenida Paseo de la Reforma, una arteria vehicular en el centro de la Ciudad de México.

Y, dado que el sistema de transporte urbano es interdependiente, el cierre de Reforma tiene un impacto obvio y grande en la vida de la ciudad. Esta es una ciudad en la que la mayoría de los votantes respaldaron abrumadoramente a López Obrador. En consecuencia, gran parte de los efectos negativos del plantón afectan a la misma gente que participa en este movimiento o simpatiza con él. Naturalmente, críticos de buena fe de esta opción táctica están inquietos — y con cierta razón — por la posibilidad de alienar a un amplio segmento del público en la Ciudad de México, no sólo a la gente acomodada que tiene autos y circula frecuentemente en Reforma, sino también gente de a pie que depende del transporte público. Y dada la crítica persistente e interesada de la mayoría de los medios, esta gente podría impacientarse y comenzar a retirar su apoyo o neutralidad benevolente al movimiento por la democracia.

En lo personal, yo creo que es imposible ejercer la protesta política seria sin desquiciar la normalidad social. Así como no es posible para un grupo de trabajadores defender efectivamente sus intereses en su lugar de trabajo sin amenazar con interrumpir el curso normal de los negocios de su patrón (incurriendo un costo los propios trabajadores y quizás afectando a terceros), un movimiento político con mucho en juego para el país, como es el caso de este movimiento, necesita enviar un mensaje muy sonoro al establecimiento — al sistema político y a los poderes fácticos — que no se va a permitir que las cosas sigan como van si no se satisface una demanda tan válida como la de la transparencia democrática. El bloqueo parcial de Reforma (que de bloqueo parcial se trata, según tengo entendido, dado que la mayoría de las intersecciones están abiertas al tráfico vehicular) no me parece una medida desproporcionada considerando la enormidad de un fraude electoral. Más aún, el hecho de que el establecimiento reaccione con tanta virulencia ante esta medida táctica demuestra a las claras que es efectiva, es decir, que les afecta a ellos lo suficiente para llamar su atención y hacerlos reconsiderar su conducta.

En mi opinión, la mayoría de la gente que está participando en el movimiento, muy particularmente los trabajadores pobres, los que creen que tienen mucho que defender con su demanda de recontar el voto, están firmemente detrás de estas medidas y aplaudo a López Obrador por ser sensible a la percepción que ellos tienen de la situación.

Nada le encantaría más a los adversarios del movimiento, aquellos que están usando su poder y su dinero para prevenir el recuento de los votos, que el movimiento se dividiera con motivo de estas diferencias tácticas. No debemos permitirlo. Debemos respetar escrupulosamente los puntos de vista de personas como Cordera, Granados Chapa y Monsiváis, gente íntegra que se ha ganado a pulso ese respeto, aun cuando no compartamos sus juicios tácticos. Su decisión de hacer públicas sus diferencias debe ser bienvenida y sus opiniones tomadas en consideración. Tienen todo el derecho a decir lo que sienten y a cuestionar las decisiones que el movimiento toma colectivamente. Y tienen derecho a tratar de hacernos cambiar de opinión. Pero, aunque no les gusten los métodos elegidos por el movimiento, debemos exhortarlos a que se mantengan a nuestro lado, a que sigan apoyando el movimiento por el recuento del voto. Los necesitamos con nosotros.

La Ciudad de México no va a perecer porque se mantenga el cierre de Reforma. Por el contrario, la defensa de la democracia, el recuento de todos los votos van a crear las mejores condiciones para el tipo de ciudad vibrante y próspera que todos queremos.  A la gente de buena fe, que disculpe las molestias, pero por el bien de todos — incluyendo el bien de la Ciudad de México — los plantones en Reforma deben seguir.

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One Response to “Differences and tactical unity / Diferencias y unidad táctica”

  1. Charles Says:

    I have a bad feeling about this, PV.

    If the result were really in doubt, the Bolsa ought to be bouncing around and declining. Instead, after a hiccup in early July, it has been flat or rising. So, I speculate that things have been arranged.

    We saw with the regional challenges, not a single one was sustained. Granted, the regional TEPFJs are not as august as the central court, but it was still a bad sign.

    The problem is that it is very hard to keep a reform movement non-violent. We see what happens when reform is frustrated by what is happening in Oaxaca. Incredible as it may seem, los de arriba seem to think that it’s impossible that unrest could spread to the rest of Mexico.

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