Link to the video Presidente Legítimo

December 19, 2006

This is the link to the video documentary Presidente Legítimo that we owe to Víctor Hernández (http://senderodelpeje.blogspot.com/):

http://video.google.com/videoplay?docid=-8136401529506488350

Resistance, Its Costs, and the Future

December 15, 2006

Due to personal (work & family) reasons, I have been unable to update this blog regularly. That’s to put it mildly. In fact, it’s been abandoned. To partially make up for this, I’ll share with the ocassional reader an article (in Spanish) by Martí Bartres Guadarrama in today’s La Jornada.

Martí Bartres is one of the leaders supporting the Legitimate Government of Andrés Manuel López Obrador. He refutes the fallacies of the mainstream media (not only in Mexico, since those arguments were brandished by the New York Times and a rag based in Madrid called “El País”). Martí makes a very compelling case for continuing to resist the usurper.

* * *

La Jornada
Edición del 14 de diciembre de 2006

Resistencia, costos y futuro
Martí Batres Guadarrama

De manera insistente los editorialistas de la prensa conservadora han venido manejando que la resistencia civil dirigida por Andrés Manuel López Obrador en contra del fraude electoral del pasado 2 de julio terminó afectando al PRD, al movimiento democrático y al propio López Obrador. Dicen con un tono que llega a ser hasta paternal, que la resistencia fue un “error”, y muy preocupados por el futuro de la izquierda afirman que se dilapidó su capital político. Este análisis es doloso y mañoso, pero sobre todo, equivocado.

Por supuesto que hay costos. Toda resistencia genera costos. Y dichos costos son amplificados por medios de comunicación y por adversarios políticos. Por supuesto que se generaron molestias por el plantón, y también es cierto que la campaña negativa de la derecha intimidó a algunos y confundió a otros más. Es lógico que esto tenga repercusiones en diversos ámbitos. Sí habrá costo, pero sin duda será el costo menor.

¿Habrá electores que se enojarán con el PRD porque no les gustó el plantón o la toma de la tribuna el primero de septiembre de 2006? Es posible, es probable. ¿Muchos panistas confirmarán sus prejuicios ante el PRD después de todo el episodio de resistencia civil? Tal vez.

Sin embargo, lo peor hubiera sido la ausencia de resistencia. No existe el escenario que plantean los editorialistas de la derecha. No es cierto que el 2 de julio por la noche Andrés Manuel López Obrador podía dirigirse a sus electores diciéndoles: “Perdimos, váyanse a sus casas”. De todas maneras las evidencias del fraude, las manipulaciones del IFE y el mugrero de la elección habrían aparecido. Y resignarse, cruzarse de brazos, aceptar los resultados adulterados, desmovilizar a la gente habría significado, eso sí, tirar por la borda muchos años de construcción política. Dejar de luchar, avalar el fraude, hubiera tenido como consecuencia, ya no digamos dilapidar el capital político, sino destruirlo por completo.

No es cierto que López Obrador podría haber salido a la televisión a reconocer a otro como ganador, y que después de ello los medios se volcarían en elogios a su persona, a su “madurez”, a su responsabilidad, etcétera. Falso, ellos mismos se encargarían de correr las versiones de que había traicionado a su movimiento. No es cierto que los resultados fraudulentos del 2 de julio podían ser aceptados tranquilamente por el PRD, y después éste se presentaría tan campante a la siguiente elección para obtener millones de votos más. La gente le hubiera cobrado la indolencia y la pasividad. No es cierto que la resistencia civil cobre costos políticos que sean irreparables, pues entonces Vicente Fox no hubiera llegado a ser gobernador y luego presidente de la República después de haber tomado el aeropuerto de Guanajuato, cerrado carreteras y puentes internacionales.

En 1988, aun con las movilizaciones que se dieron después del 6 de julio de aquel año, quedó la sensación de que se podía ir todavía más lejos. Pero no hubo entonces ni plantón ni grito alternativo ni boicot a empresas ni convención nacional democrática ni gobierno legítimo ni toma de la tribuna. Aun así la derecha histérica se lanzó durante años en contra del ingeniero Cárdenas y del PRD, estigmatizándolos como intransigentes y violentos, a pesar de la mesura de la lucha poselectoral. En aquel entonces, el PRD perdió el llamado voto blando de aquellos que se asustaron con la campaña mediática, pero también, lo que es peor, perdió el voto duro de muchos que consideraron que la defensa del voto no llegó hasta el final. En 1991 el PRD sólo tuvo 8 por ciento de los votos a nivel nacional, y 12 por ciento en el Distrito Federal.

Lo que cobra costos irreparables es quedarse callado, pasivo, frente a la injusticia y el atropello. El que admite que lo pisoteen y mira pasivamente cómo abusan de los demás, no tiene autoridad moral para encabezar ninguna lucha. La resistencia civil de 2006 no fue solamente exitosa, sino además imprescindible para poder seguir luchando, necesaria para tener cara con la cual volver a pedir el voto ciudadano, indispensable para erradicar el fraude y la burla electoral, importantísima para impedir que vuelva a suceder. Además, formidable como escuela ciudadana. Y por otro lado, fundamental para evitar que la indignación y la protesta tomaran los cauces de la violencia o del desbordamiento. Con toda certidumbre podemos decir que de no haberse dado la gran resistencia civil de 2006, el movimiento democrático, el PRD, sus aliados y los líderes de la coalición habrían pagado entonces sí un costo altísimo, y la gente les habría dado la espalda por mucho tiempo, tal vez otros 18 años más.

Ahora debe seguir la resistencia en nuevas condiciones, fortaleciendo el gobierno legítimo de Andrés Manuel López Obrador, rechazando la foto con Felipe Calderón, continuando abajo el boicot a los financiadores del fraude y de la guerra sucia, pero también buscando el convencimiento para el rencuentro del PRD con sectores de la sociedad que fueron afectados por la campaña de mentiras de los medios y de la derecha.

Oaxaca

October 29, 2006

 Oaxaca resists!

Bradley Ronald Will, a young cameraman and journalist from Indymedia, was killed yesterday by paramilitaries at the service of Oxaca’s governor Ulises Ruíz, who enjoys the steady support of president Vicente Fox. Another political crime for which both Ruíz and Fox should pay.

Fox has vowed to “resolve” the popular movement in Oaxaca led by the Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca in order to leave a clean slate for the inauguration of the spurious president elect Felipe Calderón. And these provocations and crimes may be the preparation for a final coup to be delivered by the infamous Federal Preventive Police (PFP), whose members are arriving in mass in Oaxaca.

The PFP is the repressive corps that Vicente Fox and Carlos Abascal (the interior minister) launched against the miners and steeler workers in Sicartsa, Lázaro Cárdenas, Michoacán (with the consent, if not active cooperation of PRD’s Michoacán governor, Lázaro Cárdenas Batel) and against the popular uprising in San Salvador Atenco.

The images linked below were the last captured by Bradley R. Will’s camera: http://video.indymedia.org/download/%5BIndymedia%5D_(2006-10-29)_Infamia-contra-Bradley_ataqueArmado-en-SantaLucia-del-Camino__Oaxaca–27oct06.mp4

What’s Mexico Hiding?

September 26, 2006

The Federal Electoral Institute’s refusal to allow access to ballots from the contested presidential election taints the country’s march toward democracy.

By Irma Sandoval and John M. Ackerman
September 22, 2006

MEXICO now has two presidents-elect. One officially recognized by the electoral authorities — Felipe Calderon — and the other proclaimed the “legitimate president” by millions of followers — Andres Manuel Lopez Obrador. There is one way to settle this crisis. As in the aftermath of Bush vs. Gore in the 2000 U.S. presidential election, a group of Mexico’s newspapers should be allowed to conduct their own canvass of the ballots.

Unfortunately, the Federal Electoral Institute, which organizes the presidential elections, has announced that it will not open up the ballots to public scrutiny. The institute appears bent on repeating the government’s performance after the 1988 presidential election, in which the computers “malfunctioned.” It is widely believed that massive fraud allowed Carlos Salinas de Gortari, the candidate of the Institutional Revolutionary Party, or PRI, to mysteriously overcome the early lead of the leftist candidate, Cuauhtemoc Cardenas. To cover its tracks, the government then quickly burned the evidence.

 

Full: http://www.latimes.com/news/printedition/opinion/l…

Modestas ideas para la Convención

September 16, 2006

Primero, disculpas por el descuido en que he tenido al blog.  Las alergias de la temporada, el comienzo del semestre escolar y otras exigencias de la vida cotidiana han hecho virtualmente imposible para mí mantener este blog.  A pesar de eso, he tratado de seguir los acontecimientos en México en la medida de mis posibilidades.  Hoy, en unas horas, la Convención Nacional Democrática comenzará sus deliberaciones en el Zócalo de la Ciudad de México.  Le deseo a todos los participantes lo mejor en sus discusiones y acuerdos.

Hace unos días, tuvimos una humilde idea para ayudar a la Convención.  Algunos participantes en la Progressive Economists Network (PEN-L), un foro de economistas progresistas y, más en general, gente interesada en el pensamiento crítico y el cambio social, moderado por Michael Perelman (de la University of California en Chico), decidieron presentar sus ideas a  la Convención por medio de este blog.  Es claro que estas contribuciones suponen una comprensión muy variada de lo que es posible y necesario en las condiciones concretas de México, sin embargo una perspectiva internacional no tiene por qué hacerle daño a nadie.

Por eso, sin mayores prolegómenos, aquí están los puntos de vista de algunos colegas en PEN-L (traducción mía):

 

Paul Phillips (Canada) [13/9/2006]

Creo que una propuesta modesta que el gobierno paralelo podría considerar es el enfoque de “presupuesto alternativo” formulado primeramente por John Loxley en la Universidad de Manitoba. Utilizando sus aptitudes y conocimiento en materia de desarrollo económico, finanzas públicas y desarrollo comunitario, Loxley organizó sindicatos, organizaciones de salud no gubernamentales, maestros, grupos feministas, académicos interesados en estos asuntos, etc. en un proceso de consulta que condujo al desarrollo de presupuestos alternativos en los niveles local, provincial y federal.  Estos presupuestos, que reflejaron una agenda social a la que se llegó en forma democrática, fueron publicados antes que los presupuestos oficiales del gobierno.  La publicidad subsiguiente de los beneficios sociales que era posible lograr se utilizaron para presionar a los gobiernos para que adoptaran programas más progresistas y para refutar la matraquilla habitual de los gobiernos de que “no hay alternativa.”  También sirvieron para refutar la noción de las élites de que los políticas progresistas eran irresponsables [“populistas”: PV] o que afectarían la economía, en lugar de — como realmente ocurre — quitarle pretexto a la agenda gubernamental de las élites.

 

Hari Kumar (India) [14/9/2006]

Sobre salud:

1) Las estadísticas inevitablemente dan primacía en los resultados de los servicios de salud a los problemas ambientales y socioeconómicos determinantes de la salud, y no a los hospitales.

Así: Cualquier programa nacional debe hacer hincapié en la higiene y salubridad pública, el agua limpia, el aire limpio (teniendo en cuenta las condiciones de la Ciudad de México) y la nutrición.

El logro de la equidad en los ingresos está más allá de lo que se puede obtener directamente a partir de este tipo de enfoque reformista, limitado, que es el que estoy planteando aquí. Yo creo que de eso se trata, en todo caso. (Obviamente, tengo algunas ideas como corresponde a alguien que profesa la ideología marxista.)

2) Incluso en los estados más capitalistas (por ejemplo, la India), existen (están disponibles) modelos de servicios de salud que pueden demostrar beneficios en esta área resultantes de un cuidado proporcionado por parteras(os), y el cuidado de los infantes, proporcionado por personal no médico de base rural.

Por ende: Un sistema de cuidado regionalizado, sin profesionales médicos, con énfasis en el cuidado de salud a los infantes y madres.

Estos se centrarían en las estrategias de cuidado de salud preventivo, vacunas gratuitas, monitoreo del incremento en el peso y estatura, y suplementos nutritivos; asesoría en relación con la amamantación del bebé; ayuda en los partos; apoyo a las madres, etc.

3) Modelos mixtos muestran que el escuchar a la comunidad tiene el efecto de desafiar las estructuras tradicionales de poder y mejorar los resultados de los servicios de salud.

Por ende: Un muestreo detallado (en un entorno no hostil) que evalúe explícitamente las respuestas de la comunidad al nivel y tipo de cuidado de salud que están recibiendo. Se debe dar respuesta a las opiniones expresadas.

4) Una estructura de atención nacional a la salud que parta de un modelo de cuidado de salud preventivo. Incluyendo la consulta y chequeo médico regular. Canadá tiene tal tipo de programa. Debo añadir que no soy filo-canadiense pero, si uno ha de vivir en un país capitalistas “clásico”, ….

5) Un sistema como el programa NICE en el Reino Unido, que reúne a expertos para que ponderen explícitamente los costos y beneficios de salud y prioridades que compiten entre sí — y que generan recomendaciones basadas en la evidencia científica. Mi problema con este enfoque es que, a menudo, se trata de matar a Pedro para salvar a Pablo. Sin embargo, de nuevo, a menos que sea uno capaz de instituir un estado socialista pleno….

De cualquier modo, si se tiene médicos y trabajadores de salud progresistas, que deseen vincularse con una asesoría en materia de políticas de salud que sea mucho mejor que la que yo puedo impartir, me dará gusto ponerlos en contacto con tales especialistas.

 

Leigh Meyers (Estados Unidos) [15/9/2006]

Quiero secundar a Hari en el tipo de cuidado de salud que sugiere. Incluso en Estados Unidos, los que no son ricos se quedan a la deriva.

[…]

Reiteradamente, en los últimos días, Travus T. Hipp ha estado diciendo que hay mucha inquietud en Oaxaca. Esta es una sinópsis de lo que teclee esta mañana para ponerlo en línea:

“El día de la Independencia de México ha sido cancelado por el Presidente Vicente Fox, porque los manifestantes están ocupando los parques y calles de la ciudad desde hace dos meses. ¡La gente de López Obrador convoca a una fiesta! Hay un alzamiento generalizado en Oaxaca, y los federales han tenido que salirse. Sitrep.

<http://leighm.net/blog/?p=660>

Valdría la pena investigar, desde un punto de vista socio-económico-cultural, ¿por qué Oaxaca?

Ese es el único concepto que aparece cuando uno busca en Google noticias sobre el “descontento en México”

[…]

Me parece que analizando y entendiendo “¿por qué Oaxaca?” y trabajando para mejorar la situación ahí a través de los recursos disponibles, y con efectividad, eso ayudaría. Y, en el proceso, construir una estructura paralela a nivel nacional basada en en el modelo de trabajo que ya está en marcha con la capacidad de dar servicio a otras áreas vecinas. Se podría hallar a gente de todos los lugares de México que vendría a visitar, observar, aprender y participar en el experimento, y luego llevar la información y las técnicas aprendidas a casa con ellos… para, en su momento, servir a sus regiones respectivas. Esto no quiere decir que todas las áreas de México tengan los mismos problemas, pero si las aptitudes adquiridas se diseminan nacionalmente, se puede obtener resultados significativos.

En el ejército, esto se conoce como la estrategia “inkblot”.

[…]

Esta técnica se utiliza en una forma ligeramente modificada en ‘Free Skools’ y ‘Penny Universities’ en Estados Unidos, en donde hay un intercambio activo de técnicas educativas y planes escolares que se diseminan a través de redes informales, y López Obrador ya tiene una red en marcha.

Una idea final:

No hay que olvidar nunca que hay un poder geopolítico hegemónico en la ecuación regional, que afecta a muchos en el continente.

Nosotros, Estados Unidos.

Como la banda de rock estadounidense Steppenwolf dijo hace algunos años: “Un monstruo anda suelto, tiene nuestras cabezas en el dogal y está sentado mirando…”. El gobierno de Estados Unidos está observando… muy de cerca.

México está en la mira, con una frontera nacional estratégica de Estados Unidos, y lazos de comercio, económicos y entre gobiernos, esto puede causar reacciones de pánico (?) cuando se siente que se pone en riesgo dichas relaciones y las burocracias atrincheradas que preferirían que todo siguiera igual.

[…]

 

Comentario editorial

Me voy a permitir editorializar sobre este último comentario de Leigh. En lo personal, yo creo que mucho depende de quién esté al frente en Estados Unidos. Cierto, los republicanos de ultraderecha están todavía fuertes. Y ellos apoyan sin reserva al tipo de élites privilegiadas y sinvergüenzas como la que gobierna México a través de Fox y busca gobernar a través de Calderón. Pero también es cierto que están muy desacreditados:

El estado de la economía, los altos precios del petróleo, la inflación reptante, la amenaza de una recesión seria a corto plazo, el desastre militar en Iraq y, en general, la ruina de la política exterior imperialista de Estados Unidos van a tener efectos muy duraderos.

Pero, al margen de la situación política interna en Estados Unidos, los mexicanos tienen que hacer lo que tienen que hacer — con base en sus propias necesidades y posibilidades, como ellos las perciben.  Si las cosas se hacen sobre esa base, a los gobiernos de Estados Unidos, por reaccionarios que sean y por mucho que les disgusten los cambios en México, no les quedará sino respetar las decisiones soberanas que los mexicanos tomen.

El poder colectivo y la unidad

September 4, 2006

El diario Los Angeles Times publicó hoy una nota de Sam Enriquez en la que, en forma muy perceptiva, toma nota del impresionante poder desplegado por el movimiento por la democracia encabezado por Andrés Manuel López Obrador.  En particular, lo que parece haber impresionado más al diario fue la acción de antier de los congresistas de la Coalición en el Palacio Legislativo.  Según el diario angelino, esta acción demostró que el movimiento por la democracia — y, en último término, por un México sin pobreza y con equidad — no radica sólo “en las calles”, entre la gente sin cargos políticos formales, sino que hay representantes del legislativo suficientemente comprometidos con el movimiento.  El periódico sugiere que, en futuras elecciones estatales y municipales, el poder del movimiento va a seguir creciendo.

Dos cosas llaman la atención.  Primero, la sutil, insidiosa subestimación que hacen del poder de la gente “en las calles” y la fascinación implícita con el poder formal e institucionalizado.  Y, dos, la tendencia — común en los medios estadounidenses — a reducir todo a atributos o motivaciones personales.  Para el Los Angeles Times, este poder está ligado personal e indisolublemente a Andrés Manuel.  En la percepción del diario, lo que se demuestra es el talento y la astucia de Andrés Manuel como “operador político”, etc.  Por supuesto, Andrés Manuel tiene mucho mérito personal, como mérito tienen los miembros de la Coalición que pusieron a Fox en su lugar.  Pero, como Andrés Manuel tiene el buen tino de admitir, el poder que se está poniendo de manifiesto en las asambleas informativas del Zócalo, en los campamentos, en las elecciones recientes en Chiapas, en las elecciones venideras en Tabasco, en las acciones en San Lázaro, etc. — un poder que va a permitirle al pueblo trabajador de México abortar la imposición y, en última instancia, transformar al país democráticamente — es un poder esencialmente colectivo.

En gran medida, el fetichismo de las instituciones es una extensión del fetichismo del poder.  Es decir, es la actitud que resulta de aceptar como natural el vivir en un ámbito muy estrecho, muy circunscrito, de necesidades, intereses y valores personales, muchas veces ilusorios, simplemente porque se ignora la verdadera naturaleza del poder y no se actúa en consecuencia.  Por “ilusorios” no quiero decir que, dadas las restricciones que este poder impone a los individuos, nuestras necesidades e intereses cotidianos no sea reales y duros.  Este poder ajeno no tiene nada de ilusorio para cada uno de nosotros como individuos, en la medida en que actuemos como partículas aisladas, separados de nuestros semejantes, de los que comparten con nosotros condiciones de vida y trabajo.  Pero es un poder completa y absolutamente ilusorio para individuos dispuestos a afrontarlo, cooperando entre sí, actuando coordinadamente y con previsión de las consecuencias.

La verdad es que todo poder radica última y esencialmente en el pueblo.  Esto es así, no sólo porque la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos así lo establezca, sino porque esa es la naturaleza real de todo poder público, ya sea que redunde en beneficio público o que se le apropie y privatice.  Lo que pasa — repito — es que, en condiciones en que reina en una colectividad la fragmentación y la atomización extremas, el poder que emerge de las acciones colectivas aparece como adherido a líderes individuales o a aparatos burocráticos.  Aparece como “carisma”, como “encanto” o como alguna otra característica mística, mágica del individuo o de su función pública formal.  Los individuos y aparatos burocráticos se apropian del poder colectivo.  Lo privatizan.  Y la diversidad de intereses y necesidades aparecen como divisiones que separan a los miembros de una colectividad.  Sin embargo, cuando los miembros de una colectividad se dan cuenta de los lazos invisibles que los conectan, su diversidad de necesidades, intereses y perspectivas mentales se convierten en las bases de su poder colectivo.

¿Qué es el poder?  En términos sencillos, el poder es la capacidad para hacer cosas, alcanzar objetivos, salirse uno con la suya — en medio de los obstáculos que la naturaleza o que las acciones de otras personas le imponen a uno.  En el contexto político, el poder consiste en la capacidad para satisfacer necesidades sociales o hacer avanzar intereses colectivos.  En términos más formales, el poder es fuerza productiva aplicada a la preservación o disolución, construcción o destrucción, reforzamiento o enmienda, de un cierto sistema jurídico, político y, o económico.  Y la fuerza productiva última, es decir, la fuerza que al fin de cuentas mueve y transforma las cosas, alcanza objetivos y convierte sueños en realidad, es el trabajo de la gente.

Necesariamente, el trabajo es siempre colectivo.  Es decir el trabajo individual se conecta de un modo u otro con el trabajo de los demás.  Por eso, para que dé frutos, el trabajo de cada uno requiere cooperación y coordinación, el concurso de otros.  En la forma tradicional en que reconocemos el poder, la cooperación se consigue casi siempre por la mala. “Por la mala” quiere decir que se consigue, en el fondo, mediante la amenaza de violencia o de dejar insatisfecha alguna necesidad vital, o resulta del abuso, el engaño o la manipulación psicológica.  Trabajan o los mato, o los golpeo, o se mueren de hambre, o los privo de lo necesario, o los dejo de querer.  Trabajan o trabajan.    Y, en su forma tradicional, la coordinación se impone desde arriba, como órdenes que se bajan y se deben obedecer sin chistar.  Ese fue el tipo de poder que mantuvo al PRI gobernando al país por decenios y es ahora el tipo de poder que el PAN, sus patrocinadores y aliados, está blandiendo contra quienes nos oponemos a sus designios.

El poder que se está construyendo en y a través del movimiento por la democracia es de otro tipo.  Sí, se están tomando medidas para coartar o constreñir el accionar de los miembros de un establecimiento político tradicional que no entiende razones, que no puede ser persuadido de nada, atrincherados detrás de su riqueza material y de su soberbia.  El dinero como fin en sí mismo y el poder “a la mala” (que la misma cosa acaban siendo) son los únicos argumentos que tienen sentido para ellos.  Pero, el otro lado de este poder que estamos construyendo es ese espíritu rebelde y solidario que ronda en los campamentos del Zócalo y Reforma y que inspiró a los congresistas de la Coalición en el Palacio Legislativo el 1 de septiembre pasado. 

Ese es el poder popular.  Su superioridad sobre el viejo poder, sobre el poder de sus adversarios, es que éste es un poder que nace de la convicción propia y de la persuasión respetuosa, de cuates, fraterna.  Nace del sentir de la gente de que se está haciendo — no lo que uno tiene que hacer por miedo, obligación forzosa, codicia o vanidad, sino — lo que es moralmente correcto.  No se puede seguir permitiendo que la nación se hunda.  No sólo por mí y mis hijos, aunque también por ellos.  Por todo eso, por generosidad, por un profundo sentido ético — de autorrespeto y de respeto a los demás — hay que cooperar, hay que coordinarse y hay que dar la pelea contra ese reducido número de privilegiados, bribones que han secuestrado las instituciones formales del poder público y las han puesto a su servicio egoísta.  Es decir, hay que crear un nuevo poder desde abajo y orientado horizontalmente a partir de lo que hoy vibra en el Zócalo.

Hago estas reflexiones porque quiero subrayar la necesidad que se tiene de extender el movimiento a todos los de abajo y de enmedio — e incluso a aquellos de arriba que hayan conseguido lo que tienen mediante el esfuerzo honrado, que tengan la honestidad y la humildad para entender que no pueden disfrutar lo que tienen bienhabido en medio de un mar de pobreza, desigualdad e injusticia.  Tenemos la necesidad de luchar palmo a palmo por el corazón y la mente de cada persona en las clases trabajadores y medias, y — repito — por atraer a lo bueno que haya en las clases altas, por poco que sea.  Hay que tratar a cada una de estas personas como individuos únicos, inteligentes, con necesidades, ideas y puntos de vista únicos y merecedores de un profundo respeto, y exigir que se nos trate de la misma manera.  ¿Para qué?  Para cooperar y coordinar acciones en una forma muy superior a la de nuestros adversarios, cuyo poder de “convencimiento”, carente de autoridad moral y racionalidad, tiende a reducirse al garrote del granadero y a la zanahoria podrida de sus billeteras. 

Siendo un poquito más específico, es claro que el poder de este movimiento resulta de tres cosas: Uno, el número de los afectados por la situación actual del país.  Los que vivimos del trabajo o de nuestros ahorros honrados (y no de la herencia o del privilegio) somos un chingo.  Y hemos sido traicionados por quienes hoy ocupan las instituciones formales del poder.  Dos, la lucidez con que esta enorme colectividad tome decisiones.  Por ejemplo, la calidad de la discusión, conclusiones y acuerdos que emerjan de la venidera Convención Nacional Democrática dependen de que sinteticemos bien la enorme reserva de información local, sabiduría y talento individuales que hay entre quienes participamos en el movimiento.  Todos a estudiar la vida, a educarnos a nosotros mismos y a ayudar a que otros se eduquen, a pensar más y mejores formas de aumentar nuestro poder, resolver nuestros problemas y construir un México mejor.  Todos a analizar.  Todos a discutir.  Todos a acordar.

Y todos a cumplir, a ejecutar lo acordado como si fuéramos una sola mujer o un solo hombre.  Y este es el punto tres esencialísimo: la unidad de acción.  La luz difusa ni entibia la piel.  Un rayo láser puede cortar el acero.  Aunque fuésemos menos de los que somos y aunque no tuviésemos el talento que sí tenemos, con una disposición inquebrantable de actuar con unidad, el poder que tendríamos sería ya mucho de por sí.  Si cuidamos nuestra unidad, si la alimentamos, si la acendramos, nuestro poder se va a multiplicar.  Mucho va a depender de nuestra aptitud para articular las opiniones colectivas, es decir, de nuestra aptitud para escuchar, para escucharnos los unos a los otros, respetuosamente, atendiendo los puntos de vista, necesidades e intereses necesariamente diversos y hasta parcialmente contrapuestos a los nuestros.  Necesitamos dialogar, de ida y vuelta, y mejorar siempre nuestro diálogo, aprender a convencer y a aceptar ser convencidos.  Necesitamos mecanismos muy eficientes, respetuosos, leales y generosos para sintetizar la opinión y el sentir de cada uno de nosotros en acuerdos y acciones comunes que nos hagan avanzar como una fuerza política unitaria.

En gran medida, esta unidad ya se está poniendo de manifiesto en la masividad de las asambleas informativas y en la eficacia de las acciones de los compañeros congresistas en San Lázaro.  Pero la unidad no hay que darla por supuesta.  Hay que cuidarla, crearla y volverla a crear en cada oportunidad.  El establecimiento político, los poderes fácticos, los adversarios en los medios, etc. apuestan a que el cansancio físico natural y cambios en las circunstancias acaben debilitando al movimiento.  Apuestan a que el cambio en las circunstancias hagan que líderes políticos que ahora participan en el movimiento se desperdiguen, negocien en lo oscurito y a expensas del movimiento.  Voces en los medios extranjeros y nacionales insinúan que las opciones tácticas que, según ellos, López Obrador ha seleccionado unipersonalmente (cuando han sido, en realidad, acuerdos colectivos), son extremas y que los aparatos de los partidos de la Coalición necesitan pensar “responsablemente”, es decir, “negociar” un acomodo con el poder a la mala.  Fomentan la traición.  Apuestan a que, una vez reinstalados en las instituciones del poder formal mediante la imposición, puedan utilizar los recursos públicos, el tesoro de la nación, para comprar a algunos, para sembrar la desconfianza y la división y para aplastar al movimiento.  Es una estrategia tan vieja como la historia humana.  En la antigüedad, esa fue la fórmula que los emperadores romanos codificaron: Divide et impera.  Quieren dividirnos para derrotarnos.  Pero hay un antídoto invencible: ¡la unidad!

Andrés Manuel López Obrador ha dicho que uno de los parámetros de acción del movimiento debe ser la renuncia a la presión y al chantaje como medio para atraer partidarios y prosélitos.  En particular, los líderes de los partidos de la Coalición, los candidatos a puestos de elección popular, los congresistas o servidores públicos electos o designados, que — digámoslo con franqueza — han llegado a donde están en virtud del apoyo y confianza que la gente les ha dado, están en absoluta libertad de apoyar o no al movimiento, de compartir o no los acuerdos y decisiones colectivas que el movimiento tome.  Aunque a muchos, en nuestro fuero interno, la renuencia a participar en el movimiento y a compartir por ende la responsabilidad de las decisiones colectivas nos pueda parecer deslealtad, Andrés Manuel propone que hagamos un esfuerzo consciente y grande para no echárselos en cara. 

Repito, no es una actitud fácil.  Pero yo creo que Andrés Manuel tiene razón, que esta actitud de profundo respeto a las decisiones y el sentido de responsabilidad personal de esos compañeros fortalece al movimiento.  La base de nuestra unidad tiene que ser la confianza mutua y no la sospecha de nuestras motivaciones.  Que los que participen en el movimiento lo hagan sólo y en la medida en que estén convencidos de la necesidad y honorabilidad de participar en él.  Esa es una fórmula ganadora.  En la medida en que este sea un movimiento de ciudadanos y, más en general, de mexicanas y mexicanos libres y conscientes, con criterio y responsabilidad propios, mayor será el poder colectivo que logremos construir, un poder de una calidad superior, un poder que vamos a necesitar para impedir que se cometa el crimen político de la imposición y para avanzar firmemente en la transformación venidera del país.

El camino no va a ser corto, ni va estar bien pavimentado, ni va a ser una línea recta.  No somos perfectos ni pretendemos serlo.  Pero tenemos la razón y la autoridad moral.  Somos el verdadero Pueblo de México.  Vamos a avanzar.  Unidos triunfaremos.

The NY Times’ editorials on Mexico’s election

September 1, 2006

The New York Times recent editorials on Mexico illustrate the noxious and treacherous institutional fetishism that plagues American liberalism and makes it so difficult for those in the U.S. who live off their work (as opposed to those who live off inheritance, wealth, power, or privilege) from becoming an independent and united political actor.  The means, institutional democracy and political stability, have been turned into ends in themselves, altars upon which large masses of people (usually the poor, the socially disadvantaged) are expected to indefinitely sacrifice their substantive interests.

On July 7, 2006, the New York Times called Mexico’s federal electoral tribunal (and thereby Mexico’s entire political establishment, to which the tribunal ultimately responds) to recount all the votes cast on July 2’s presidential election.  Clearly trying to influence those in Mexico most apprehensive about the prevailing opinion in U.S. elite circles and political establishment, the newspaper asked the tribunal to interpret the law “as expansively as possible” and trained a battery of reasonable arguments in support of its case.

To start with, the editorial stressed that the IFE’s count was a “near tie.” To bolster its argument, the Times reminded the readers that, rather recently, “Mexico used to be a global leader in election fraud.”  Finally, it alluded to reports of problems in “some polling stations” where “votes were misrecorded on tally sheets,” “discrepancies [that] appeared to largely favor Mr. Calderón, in at least one case mistakenly awarding him hundreds of extra votes” — altogether “enough problems to warrant a complete recount.”

The tribunal rejected the appeal made by López Obrador’s coalition (an argument backed up, partially at least, by the New York Times).  While the standard it set to challenge a particular tally sheet was a thorough casuistic argument, the tribunal itself did not bother to disclose any casuistic statement spelling out the detailed reasons why it decided to subtract 81,080 votes from Calderón and 76,897 to López Obrador.  It just said so.  Any objective legal observer would find their ruling lacking in substance.

Readers expecting the New York Times to react critically to the tribunal’s ruling got utterly disappointed.  In its latest editorial, on August 29, the Times changed its tune.  It called López Obrador to give it up and move on: “it is time […] to end the protests and pledge to respect the tribunal’s final decision.”  The daily’s logic is that the rejection of a full vote recount is fine, because the tribunal said so: “This vote was apparently well run, and there is a clear and thorough process in place to deal with challenges. The electoral tribunal is respected and independent.”  Just like that.

Fortunately, the Times’ wishful thinking won’t fly in Mexico.  The demand for a full recount was minimal and the tribunal failed to ensure the transparency, equity, and certainty that — according to Mexico’s constitution — are the attributes of a valid election.  The fraud was validated.  The institutions failed.  Within the confines of Mexico’s constitution (article 39 stipulates that the sovereignty of the nation lies in the people and that whole purpose of the country’s political institutions is to serve the people), large crowds will press on.

However, as meek as the latest editorial was, what I found most disturbing (“disgusting” is probably a better adjective) is this insidious remark: “If he [López Obrador] does not desist, his party, now the country’s second-largest, should decide that it is bigger than him and that its role is as opposition within, not outside, democratic processes.”  In plain words, the New York Times is inviting other leaders and members of the Partido de la Revolución Democrática (PRD) to abandon their principles in the face of fraud and imposition and betray López Obrador and the mass movement that backs him up.  It’s a very slippery slope from fetishising political institutions and sanctifying political stability to dividing and betraying the people.

Luckily, for now, the leaders of the political coalition that supported López Obrador’s candidacy remain firmly united around the strategy and tactics chosen by the movement.  More importantly, as people shouts every day in the Zócalo plaza, López Obrador is not alone (“No estás solo” is one of the crowd’s favorite slogans).  As I have argued before, it is precisely this dynamic, by which López Obrador articulates the best instincts of his primary base of popular support, the working poor — reciprocated in turn by the working poor’s steady support of his leadership — that makes it possible for this historically victimized segment of Mexico’s population to advance in their struggle to improve their social condition.

Yesterday, in the Zócalo’s Informative Assembly, López Obrador answered the New York Times and other foreign media that have been asking him to accept the fraud.  His tone was respectful, but firm.  This is a loose transcription of his words (the video of his full speech is at www.amlo.org.mx):

“Regularly, in Mexico’s history, authoritarian regimes go abroad to look for legitimacy. What they don’t get here, with popular support, they try to make up for beseeching it abroad.  It’s a practice that spans from Victoriano Huerta to Carlos Salinas de Gortari.  And now, they want to do the same.  They claim that they are promoters of ‘modernity’ and ‘globalism’ — and follow the same script followed by every authoritarian and anti-democratic regime in Mexico’s history.  They think that if they get a stamp of approval, the ‘OK’, abroad, then they can become legitimate in Mexico.” 

Stressing his words for emphasis, he concluded: “But in Mexico… and let this be crystal clear… in Mexico, we do not accept — we do not accept an usurpation.  We do not accept a spurious president.  We do not accept that patsy — Calderón.  Let this be very clear!”

It is not at all clear that the readership of the New York Times would be best served by the Mexicans’ submission to electoral fraud and tolerance of institutional failure, all for the sake of some illusory “political stability.”  What is sufficiently clear is that Mexico’s working poor don’t think so.  They deem the acceptance of fraud as the riskiest of all courses of action.  To judge by their behavior and collective disposition, Mexico’s working poor are opting for the struggle to advance their interest.  They will continue with their strategy of peaceful, non-violent, civic resistance to the fraud and usurpation.  More power to them: Submission to rotten institutions and political abuse is not the way out.  No significant social progress in history has ever been achieved without a fight.

Hacia la Convención Nacional Democrática

August 29, 2006

Ayer, el tribunal federal electoral, constitucionalmente encargado de asegurar la transparencia, equidad y certeza en la elección presidencial, se negó a ordenar el recuento casilla por casilla de todos los votos emitidos el 2 de julio y rechazó — casi por entero — el recurso de incomformidad presentado por la Coalición.

Indiferente a una triste y prolongada historia de fraude electoral y falla institucional en el país, insensible al mal uso evidente del gobierno para apoyar a Calderón, inconmovido ante una diferencia de menos de un punto porcentual, arguyendo en forma estrecha, exhibiendo una mentalidad leguleya mezquina e indigna de un alto tribunal investido de amplios poderes constitucionales, el tribunal decidió restarle 81,080 votos a Calderón — y 76,897 a López Obrador — reduciendo así la diferencia oficial entre los dos principales candidatos de 402,708 (según el IFE) a 398,525 votos, y sin dar cuenta detallada que explique las razones detrás de sus cifras. Sin embargo… sin embargo, ¡el tribunal no halló razón para ordenar un recuento completo de las boletas!

El artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos estipula que

La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo momento el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Este es el robusto fundamento legal en que se basan Andrés Manuel López Obrador y la Coalición que apoyó su candidatura para convocar una Convención Nacional Democrática por celebrarse el 16 de septiembre venidero en el Zócalo de la Ciudad de México. López Obrador ha calificado la sentencia del tribunal como lo que es, una hoja de parra para tapar las vergüenzas de un golpe de estado y ha llamado al pueblo a desconocer la presidencia de Calderón. López Obrador no está solo. A pesar de la histérica campaña mediática contras las acciones legítimas de resistencia civil realizadas por el movimiento, millones de mexicanos están más convencidos que nunca de que se cometió un fraude monumental para traicionar la voluntad popular expresada en las urnas y no están dispuestos a reconocer a un presidente espurio.

Contra las expectativas de quienes cometieron este fraude, el movimiento democrático no muestra signo ninguno de agotamiento. Por el contrario, se siente una firme determinación colectiva de impulsar la lucha hasta su conclusión última. Es una lucha por la democracia, en donde democracia — más allá de la mera emisión de un voto cada seis años, democracia como participación efectiva en las decisiones que conforman la vida pública — aparece como el vehículo para renovar la vida pública de México, corregir la monstruosa desigualdad social y eliminar la pobreza de la mitad de la población, proteger el patrimonio colectivo y combatir la corrupción y los privilegios.

La profundidad y alcance de los poderes de la Convención van a depender de su legitimidad ante el pueblo. Se trata pues de una batalla por los corazones y conciencias de las mexicanas y los mexicanos. El establecimiento — el gobierno, la coalición conservadora emergente (PAN-PRI), las cúpulas dizque empresariales, los medios masivos, la jerarquía católica, etc.– van a exigir que la sentencia del tribunal electoral y la declaración de Calderón como presidente electo sean tomadas como si se tratara del fin de la historia. Siguiendo el modelo de Carlos Salinas, otro presidente espurio, buscarán proporcionarle a Calderón la codiciada legitimidad que las boletas electorales le negaron mediante golpes espectaculares (“quinazos”), tratando de dividir el movimiento, comprando apoyo internacional e intentando obtener mediante caridad y migajas el consentimiento de la población trabajadora pobre.

Pero el pueblo está en una posición idónea para desactivar toda esta truculencia. El pueblo en movimiento tiene toda la autoridad moral y las condiciones para obtener, no migajas, sino el tipo de instituciones públicas que realmente merece. El resto va a depender de su capacidad para mantener la honestidad propia y la de sus dirigentes, para utilizar la experiencia como oportunidad para aprender de sí mismos y de sus adversarios, para fortalecer su organización y su unidad a cada paso. ¡Unidad, unidad, unidad!

Towards the Democratic National Convention

August 29, 2006

Yesterday, the federal electoral tribunal, charged by the Constitution to ensure transparency, equity, and certainty in the presidential elections, refused the full recount of the votes and rejected — almost entirely — the appeal made by the Coalición.

Oblivious to the nation’s long history of electoral fraud and institutional failure, insensitive to the evident misuse of the government to support Calderón, unmoved by a difference of less than 1 percent between the two main candidates, arguing narrowly, exhibiting a puny legalistic mentality unworthy of a high court vested with ample constitutional powers, the tribunal ruled to subtract 81,080 votes from Calderón’s last IFE count — and 76,897 from López Obrador — thus downgrading the official difference between the two main candidates from 402,708 to 398,525 votes, without any detailed account explaining the rational behind these figures.  Yet… yet… they found no reason to order a full recount!

Article 39 of the Mexican constitution stipulates that

Essentially and ultimately, the sovereignty of the nation lies in the people. All public power emanates from the people and it is instituted for the benefit of the people. The people has at all times the inalienable right to alter or modify the form of its government.

These are the robust legal grounds upon which Andrés Manuel López Obrador and the coalition that supported his candidacy are convoking a National Democrtic Convention to be held on September 16, 2006 at Mexico City’s Zócalo Plaza. López Obrador is calling the people to defy the ruling and regard it as enabling a technical coup d’etat. And he is not alone. In spite of the hysterical media campaign against the actions of civil resistance, millions of Mexicans are convinced that a fraud was committed and will view Calderón as a spurious president.

Betraying the expectations of the perpetrators of the fraud, the democratic movement is not showing any sign of exhaustion. On the contrary, there’s a steady collective determination to take this struggle to its final conclusion. It’s a struggle for democracy, where democracy — beyond casting a ballot once every six years, democracy as effective participation in the decisions that shape public life — is viewed as the vehicle to renovate Mexico’s polity, correct the country’s horrendous social inequality and end poverty, protect the nation’s commons, and fight corruption and privileges. The Convention will decide how to best accomplish these goals under the scenario of a spurious presidency.

The depth and scope of the Convention’s powers will depend on its legitimacy. This is a battle for the hearts and minds of all Mexicans. The establishment — the government, the emerging PAN-PRI conservative coalition, the elite business organizations, the media, the Catholic hierarchy, and the army’s top command — will demand that the ruling by the electoral tribunal, and the eventual declaration of Calderón as president elect, be taken as the end of history. Following the steps of Carlos Salinas, another spurious president, they’ll seek to provide Calderón with the coveted legitimacy the polls denied him by staging spectacular coups (Salinas jailed a corrupt union leader a few days after his inauguration), seeking to exploit differences within the movement, buying international support, and trying to obtain with charity the consent of the working poor.

But the people in the movement are in a position to preempt all this trickery. The people in the movement have the moral high ground. The rest will depend on their ability to keep themselves and their leaders honest, to use the experience as an opportunity to learn from one another and from their adversaries, to strengthen their organization and unity every step of the way. Unity, unity, unity!

Entrevista de López Obrador con Le Monde

August 25, 2006

[Pirateado, con ligeras modificaciones, de El Sendero del Peje:]

Andrés Manuel López Obrador: Me roban la presidencia
Entrevista a Andrés Manuel López Obrador por Jean-Michel Caroit,
Le Monde
24/08/06

¿Cuáles son los elementos que le permitirían establecer que hubo un fraude durante las elecciones del 2 de julio en México?

Desde hace más de tres años hemos sido víctimas de una campaña de todo el aparato de Estado con la participación activa del presidente de la República porque representamos un proyecto alternativo. Nuestros adversarios han querido destruirnos políticamente. Intentaron desacreditarme valiéndose de videos, pero ya se demostró que se trataba de un complot del ex presidente Carlos Salinas y el gobierno actual. Después, intentaron impedir mi participación en las elecciones y ahora me roban la presidencia.

¿Cómo?

En primer lugar el candidato de la derecha no ganó. Hicieron un fraude electoral. Estoy orgulloso de haber ganado a pesar del aparato de Estado, la guerra sucia, la participación de los dirigentes patronales y la reagrupación de la derecha, incluyendo a los gobernadores del Partido Revolucionario Institucional.

Estamos presenciando en México, una recomposición política con la formación de dos bloques, derecha e izquierda. El PRI, o al menos la dirección del PRI, se alió con el Partido Acción Nacional, para formar lo que llamamos el PRIAN y con la dirigente del sindicato de los maestros, antigua líder del PRI, Elba Esther Gordillo. A pesar de todo, no pudieron ganar. El día de las elecciones, tuvieron que rellenar las urnas, quitarnos votos y falsificar actas. Sólo de esta manera pudieron obtener una supuesta ventaja de 0.58%, es decir, una diferencia de 240 mil votos. Por todo esto, desde un principio pedimos que se limpiara la elección, que hubiera transparecia y que se volvieran a contar las boletas. El tribunal (electoral) aceptó hacerlo de manera parcial, sólo en el nueve por ciento de las casillas, y el resultado de ese nuevo conteo parcial mostró que faltan votos en algunas casillas y que en otras hay demasiados votos de más. En total, ese conteo parcial muestra 120 mil votos que faltan o que están de más.

¿De dónde proviene esta cifra?

De las actas. Hasta el momento, el tribunal no ha dicho nada. Pero para el recuento, en cada distrito, participaron los partidos y un juez. Nuestros adversarios sostienen que los ciudadanos guardaron las boletas en lugar de meterlas en las urnas. Pero se trata de miles de boletas y, que yo sepa, no hay tantos coleccionistas de boletas electorales en México. No puede haber ninguna otra explicación para la existencia de boletas de más: el relleno de las urnas. Si se hace una proyección para la totalidad de las casillas, se trata de casi un millón de boletas que faltan o están de más.

¿Cómo explicar que las misiones de observación internacional validaron las elecciones?

Se trató de una observación formal. Por ejemplo, los observadores de la Union Europea pasaron por el tercer distrito del estado de Querétaro. Después, en una urna se constató que el candidato del PAN tenía 240 votos de más. Tengo un video que lo prueba.

Por otro lado, frecuentemente los observadores pertenecen a partidos políticos. Por ejemplo, sé que el jefe de la misión de la Unión Europea es miembro del Partido Popular (español), el partido hermano del PAN.

Usted ha criticado al Instituto Federal Electoral (IFE), reconocido internacionalmente, tanto, que ayudó en la organización de las elecciones en Irak o en Angola.

Todo eso es una farsa que muestra que vivimos en un simulacro de república. No estamos dispuestos a tolerar la eterna comedia de mentiras e hipocresía. La realidad es que no hay democracia. Quieren imponer una democracia simulada, a la medida de los poderosos de México, de una élite de privilegiados que domina al país. El candidato de la derecha es el títere de esos grupos que secuestraron a las instituciones. En México las instituciones están en decadencia, ya no cumplen con su mandato constitucional y evidentemente no responden al interés general.

¿Por qué no denunció en el extranjero el hecho de que el Partido de la Revolución Democrática no estaba representado en el seno del Consejo del IFE?

Ahí empezó todo. Elba Esther Gordillo y Felipe Calderón, cuando fue diputado del PAN, constituyeron el consejo del IFE. No pensábamos que llegaran a esos extremos. Pensábamos que a pesar de todo íbamos a ganar, que la guerra sucia y los manejos turbios iban a finalizar el 2 de julio y que el día de las elecciones iban a respetar el voto de la población.

¿No se esperaba un fraude el día de las elecciones?

No, no me lo imaginé. Sabía que los dados estaban cargados. El día de las elecciones, cometieron una serie de irregularidades evidentes. Pero incluso en esas condiciones, ganamos. Esperamos la decisión del tribunal y si éste llegara a validar el fraude electoral, no reconoceremos a un presidente sin legitimidad.

¿Cómo explicar que su coalición no tenía delegados en casi 30% de las casillas?

Algunos no pudieron llegar, otros no cumplieron con su compromiso o los intimidaron. Pero en un país democrático, eso no debería ser necesario. Por cierto, ni el PAN ni el PRI cubrieron todas las casillas. Elba Esther Gordillo sí lo hizo y ella controlaba a un gran número de funcionarios electorales.

¿Qué papel desempeñó Elba Esther Gordillo?

Un papel importante. Hay una serie de factores: los gobernadores del PRI, del PAN, Elba Esther, el uso del dinero de los programas sociales del gobierno federal. Pero la verdadera delincuencia electoral, lo que llamamos mapaches en México, fue operada por los gobernadores y Elba Esther.

Sus adversarios dicen que usted es el gran responsable de su derrota, por ejemplo al rehusar participar en el primer debate y al dar muestras de triunfalismo.

Los errores se cometieron, pero no es eso lo fundamental. Nosotros ganamos pero es difícil prevalecer ante una mafia, un grupo de poder que se comporta sin ningún escrúpulo moral. En política se cometen errores todos los días. Pero aquí ellos han tomado la decisión de impedirme por todos los medios ser elegido. Fox y los otros me han condenado porque no quieren que las cosas cambien verdaderamente en este país.

¿Qué sucederá si el tribunal electoral proclama la victoria de Felipe Calderón?

Nosotros hemos convocado ya a una Convención Nacional Democrática para el 16 de septiembre. Hay un artículo de la Constitución que viene de la legislación francesa y que estipula que el poder emana del pueblo. Este artículo 39 añade que el pueblo tiene, en todo momento, el poder inalienable de cambiar la forma de su gobierno. Y es en virtud de este artículo que nosotros hemos convocado la Convención Nacional Democrática que tomará decisiones que pueden ir en diferentes direcciones. Pero una cosa está clara: nosotros no vamos a reconocer al gobierno.

¿Se trata de una especie de asamblea constituyente?

Sí. Ella podrá decidir nombrar un presidente legítimo, un jefe de gobierno o una coordinación de resistencia civil. Esto dependerá de lo que decidan los delegados, ellos son los que decidirán la dirección del movimiento. Se trata de pasar de la república simulada a la restauración de la república.

¿Podrá la Convención proclamar presidente a AMLO?

Son los delegados los que decidirán.

¿Podrá México tener dos presidentes el 17 de septiembre?

Es una posibilidad que dependerá del voto de la Convención.

¿Quién participará en esta Convención?

Los delegados provenientes de todos los rincones de México. Esperamos más de un millón de delegados, elegidos por asambleas en todo México.

¿Por qué sólo objeta usted los resultados de la elección presidencial y no los de la elección legislativa?

No compramos votos, no falsificamos actas, no rellenamos urnas. Nuestros diputados y senadores han sido elegidos de manera legítima. El fraude se ha concentrado en la elección presidencial.

Los legisladores electos del PRD, ¿tomarán posesión?

Los diputados y senadores decidirán.

¿Cómo se articulará la acción de los electos y la que pudiera decidir la Convención?

Se trata de dos cosas distintas. La Convención y lo que de ella puede surgir es independiente de los partidos de la colición y de la actitud de los diputados, senadores y gobiernos locales del PRD. El gobierno es diferente de los partidos, el ejecutivo del legislativo y los gobiernos locales del gobierno federal.

Los emisarios de Felipe Calderón se esfuerzan por entablar negociaciones con los legisladores electos del PRD.

Están acostumbrados a esta clase de prácticas. Aquí siempre se ha practicado la cooptación. Pero las circunstancias son distintas. No somos políticos tradicionales. No vamos anegociar nuestros principios por empleos públicos o por prebendas. No habrá acuerdo porque negociar con un gobierno sin legitimidad será legalizar la simulación democrática y este país no cambiaría jamás. La democracia no es solamente un sistema de gobierno o un sistema político.

En un país como el nuestro con tales desigualdades económicas y sociales, la democracia es un asunto de sobrevivencia, es la única manera para los pobres de tener un gobierno que se ocupe de ellos. Si se anula la vía democrática y legalizamos la democracia simulada, anularíamos el futuro de millones de mexicanos. Se trata de un problema de fondo. El problema no es que yo llegue o no a la presidencia. No soy un ambicioso vulgar, se trata de un problema de principios, de ideal y de convicción. Lo importante para nosotros es salvar la democracia.

¿Por qué la tentativa de mediación de Robert Pastor (del Centro Carter) fracasó?

Yo no hablé con él. Me dijeron que él tenía una propuesta de mediación. Yo dije que nuestra demanda principal era que se contaran las boletas. Lo expresé en una carta que envié al candidato del PAN. Le dije: acepte el recuento y nosotros nos comprometemos a aceptar el resultado y a detener la movilización. Pero no aceptaron y esta es la prueba más clara de que no ganaron, porque el que nada debe, nada teme. Nosotros aceptamos un recuento en la reciente elección en Chiapas. En Costa Rica, cuando se pidió un recuento a Arias, él aceptó. El recuento confirmó su victoria y todo mundo quedó tranquilo.

¿Teme la represión del movimiento de protesta?

Somos un movimiento pacífico y continuaremos siéndolo, pero el autoritarismo está presente. No vamos a caer en la provocación y no daremos pretexto a la provocación. Estamosfrente una derecha muy reaccionaria y, aunque parezca duro decirlo, fascista, para llamar a las cosas por su nombre. Pero hay una serie de factores en el país, una correlación de fuerzas, que no permite usar la represión tan fácilmente.

El ejército, ¿participará en la represión?

No lo creo. Son los dirigentes de la derecha, Fox, Calderón, los responsables patronales, los que dan muestras de autoritarismo. El ejército tiene una actitud distinta porque no está dispuesto a asumir ese tipo de responsabilidades, sobre todo después de las consecuencias de su utilización contra el movimiento estudiantil (en 1968). No está dispuesto a ser utilizado para reprimir al pueblo, para paliar la incapacidad política o para encubrir la corrupción de los gobiernos civiles.

La ocupación del Zócalo y de la avenida Reforma por campamentos de protesta tiene un costo político. ¿Hasta cuándo va a durar esto?

Sí, hay un desgaste. Es el precio que debemos pagar. No se puede detener un brutal ataque de la derecha, una ofensiva autoritaria sin mostrar firmeza. Si no fuéramos firmes, nos hubieran barrido. La gente quiere seguir luchando por la transformación del país. No van a regresar a sus casas. Pueden estar cansados, el movimiento puede entrar en una etapa de desgaste, pero hay millones de mexicanos que están dispuestos a que las cosas realmente cambien. La política no es una ciencia exacta. Está hecha de aproximaciones. No se sabe lo que va a pasar. Lo importante es mantener principios claros.

Antes de las elecciones algunos lo comparaban a Lula o a Kirchner, otros a Chávez. Gracias a la crisis poselectoral su imagen se ha radicalizado y sus adversarios lo presentan como un caudillo sediento de poder y que cuestiona las instituciones democráticas.

Es la visión de nuestros adversarios y de los medios decomunicación que han actuado como cómplices de este régimen antidemocrático. Los medios nacionales y los extranjeros. Por ejemplo el Washington Post publicó un editorial donde se dice que no hubo fraude. Les respondí que el asunto del Watergate era un juego de niños comparado con la conspiración y el fraude de que somos víctimas en México. Yo me explico la actitud de la prensa española por la presencia muy fuerte en México de grupos económicos españoles. Poseen bancos, casas editoriales, tienen intereses en el petróleo. No les reprocho nada, cada quien defiende sus intereses. Se ha vendido la idea de que México se volvió un país democrático después de la elección de Fox en 2000. Es por eso que ahora se puede vender la idea de que soy un ambicioso, un caprichoso dispuesto a poner en peligro la democracia para satisfacer su ambición.

¿La fatiga del movimiento y las eventuales negociaciones implican que los legisladores electos del PRD pueden minar su liderazgo?

Todo eso puede suceder. Pero yo creo que es fundamental terminar con la simulación y luchar por las transformaciones de fondo en este país. Es necesario salvar la democracia, combatir la pobreza, no permitir más que se dilapiden las riquezas nacionales y garantizar el derecho a la información. Los grandes medios de comunicación se han cerrado completamente después de la elección y participan en una campaña contra nosotros para convalidar el fraude. No se escucha la palabra fraude en los medios de este país, salvo raras excepciones.


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